Durante más de dos décadas de guerra continua, iniciada en 2001, Estados Unidos desplegó a más de 2.7 millones de militares voluntarios a Irak y Afganistán.
De quienes regresaron a casa, se estima que un tercio o más padece TEPT, depresión u otras condiciones relacionadas con el trauma. Estas condiciones tienen un impacto negativo significativo en la salud y el bienestar de los Veteranos.
Según el Informe Anual de Prevención del Suicidio entre Veteranos 2022, del Departamento de Asuntos de Veteranos, entre 2001 y 2020, las tasas de suicidio entre Veteranos fueron entre un 12.1% y un 66.2% más altas que las de la población no Veterana.
Aunque el VA ha tomado medidas para mejorar el acceso de los Veteranos a la atención de salud mental, permitiéndoles ver a profesionales de salud mental fuera del VA, simplemente no es suficiente.
Un estudio de 2018 del BMC Health Service encontró que el 77.9% de los Veteranos elegibles vivían en comunidades rurales, y que, de esos Veteranos rurales, el 70.2% se encontraba en zonas con escasez de atención de salud mental.
Estas desalentadoras estadísticas muestran con claridad que los recursos actuales para tratar el TEPT, la depresión y otros problemas de salud mental en Veteranos son insuficientes.
DEBEMOS brindar apoyo adicional a nuestros militares que regresan del servicio, un apoyo que no dependa del VA ni de los proveedores locales de salud mental, ya sobrecargados, en las zonas rurales donde viven muchos Veteranos.